
1- Practicar la concentración activa
- Toma notas mientras trabajas. Una de las formas más eficaces de concentrarse activamente en lo que se está haciendo es escribir las cosas a mano. A diferencia de escribir a máquina, escribir a mano te obliga a concentrarte en lo que estás aprendiendo de una forma más física, lo que hace que se te quede grabado en la mente con más claridad y que te comprometas con ello de una forma más visceral.
- Garabato. Aunque durante mucho tiempo se pensó que era señal de que la gente no prestaba atención, resulta que algunos de los pensadores más activos son también dibujantes activos. Algunos estudios demuestran que dibujar, aunque solo sea con garabatos y sin sentido, mientras se intenta prestar atención, puede ayudar a concentrar la mente y mantener la atención, evitando el aburrimiento y manteniendo la mente activa y aprendiendo.
- Habla en voz alta mientras trabajas. Al igual que hacer garabatos y tomar notas, hablar en voz alta mientras trabajas o estudias puede hacer que tus compañeros de piso piensen que te faltan algunos tornillos, pero también está demostrado que te ayuda activamente a interiorizar lo que lees y las ideas con las que te relacionas. Al igual que escribir, verbalizar te obliga a poner palabras al conocimiento, creando un proceso de dos pasos en el aprendizaje que facilita su recuerdo y hace que te comprometas más.
- Ver la respuesta correcta y sólo la respuesta correcta. Para escapar de un derrape, los conductores profesionales están entrenados para mirar no al árbol que se aproxima y que les gustaría evitar, sino al espacio al que quieren ir. Los futbolistas de éxito se desplazan a espacios abiertos, los guitarristas de éxito encuentran un espacio vacío para tocar una nota perfecta y los estudiantes de éxito se fijan en el curso de acción y la forma de hacer correctos.
2- Crear un calendario
- Encuentre su mejor momento para trabajar. ¿Es usted una persona madrugadora? ¿Un ave nocturna? Puede que tu mejor momento sea justo después de comer. Encuentra el momento del día en el que te encuentras mejor y estructura tu vida en torno a él. No tiene sentido fingir que eres madrugador si en el fondo te apetece estudiar a las 3 de la mañana. Escúchate y haz lo que funcione.
- Estructurar cada día al principio de cada jornada. Crear un plan para ti mismo te ayuda a eliminar los pensamientos que te distraen y el estrés. Divide cada cosa que tengas que hacer en un día determinado y trata de anticipar cuánto tiempo necesitarás para llevarla a cabo. Intenta dejar algo de margen por si al final necesitas más tiempo para redactar el borrador de un trabajo o para preparar esa presentación en el trabajo.
- Trabajar activamente en objetivos a corto y largo plazo. Lo mejor es que te ayudes a ti mismo a recordar por qué estás haciendo lo que estás haciendo para mantenerte en el buen camino y recordar el panorama general. Recuerda tus objetivos a largo plazo y cómo las pequeñas cosas que haces encajan en el plan más amplio que tienes para ti.
- Cree una rutina y luego agítela. La monotonía puede ser su propia distracción. Aprende cuando te estés aburriendo de lo mismo de siempre. Intenta estructurar tu día haciendo diferentes tipos de actividades seguidas. Para no tener que hacer una cosa tras otra, alterna el estudio y las tareas domésticas, o haz algo de ejercicio. No contestes a todos los correos electrónicos a la vez, contesta a unos cuantos y luego tómate un descanso para hacer otra cosa productiva. Al fin y al cabo, acabarás siendo más productivo si lo agitas.
- Haz pausas programadas. Las pausas son importantes, pero la tentación de hacer una pausa puede aparecer en momentos especialmente insidiosos, como cuando la redacción empieza a ponerse difícil y te vendría mejor superar el escollo de ese párrafo o esa página. Sin embargo, si programas descansos con regularidad y te esfuerzas por cumplirlos, conseguirás ser más productivo y estar más relajado.
Fuente: www.wikihow.com